
Uruguay no sabe qué hacer con una enorme águila nazi de bronce. Los planes para derretir la estatua, de un gran buque de guerra alemán, en una paloma de la paz quedaron en nada el fin de semana pasado. Es otro motín más alrededor del águila.
El águila fue levantada en 2006 desde un acorazado alemán, el Graf Spee, que fue hundido frente a las costas de Uruguay en 1939. La estatua de bronce mide 2 metros de alto, casi 3 metros de ancho y pesa alrededor de 350 kilogramos. El pájaro se para sobre una corona con una esvástica.
Desde que la izaron, ha habido mucho alboroto por el águila. En 2019, un juez uruguayo dictaminó que el águila debía ser subastada. Las ganancias de esto tuvieron que dividirse entre el estado y los inversores de la empresa que había descubierto la estatua.
Eso generó problemas, porque la estatua podría caer en manos de simpatizantes nazis con la venta. Finalmente, el máximo tribunal uruguayo dictaminó que la estatua permanecería en manos del Estado.
El presidente uruguayo, Lacalle Pou, anunció el viernes pasado que la estatua sería fundida en una paloma de la paz. “Somos una sociedad de paz y unidad y eso lo ponemos en práctica”, explicó Pou sobre la decisión.
El plan con la paloma de la paz provocó inmediatamente la resistencia de otros partidos políticos, pero también desde ángulos histórico-culturales. Esto se debe al valor histórico de la imagen. El presidente Pou dio marcha atrás el domingo, dejando al país con el expediente del dolor de cabeza en forma de águila nazi.


