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Desde 2010, el **castillo de Lacomté**, en Carlucet, ha hecho una elección radical: recibir únicamente a adultos. Un desafío audaz para ofrecer a los vacacionistas un **respiro de calma**, naturaleza… y tranquilidad. Entrevista con aquellos que han optado por la fórmula “sin niños”.
“La **paz** y la **tranquilidad**… Poder estar sentado al borde de la piscina con una buena copa de **vino**, leer en calma y estar rodeado de naturaleza…”. Esto es lo que Gary busca en el **castillo de Lacomté**, en Carlucet (Lot). Desde 2010, este camping tiene una mención muy especial en su cartel de bienvenida: “**Abierto exclusivamente** a adultos + 18 años”.
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<span class="article-full__media-legend">Sheila y Stuart (a la izquierda) posan con Wendy y Patrick, fieles adeptos del camping sin niños.</span>
<span class="article-full__media-author">DDM Aouregan Texier</span>
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<p>No siempre fue así. En 1993, cuando el **pareja Coe** abrió el camping, aceptaban a todo el mundo: niños y adultos. “Recuerdo a una madre muy estresada. Su hijo quería un helado, ella decía que sí, el padre que no. Se armó una discusión. El niño se fue con su padre y ella se quedó en recepción llorando. Me dijo: ‘**No son vacaciones**’”, recuerda Sheila. Su esposo, Stuart, complementa: “Nos dimos cuenta de que algunos padres estaban realmente estresados, así que decidimos dar el paso.”</p>
<p>En Inglaterra, este concepto ya era popular; muchos alojamientos turísticos ofrecían opciones “**sin niños**” en los años 2000. Sin embargo, en Francia, este concepto a menudo se ve con malos ojos. A pesar de esto, Stuart y Sheila no se dieron por vencidos. En 2010, se convirtieron en los primeros en **rechazar niños** en su camping. Hoy en día, son el único camping de **4 estrellas** reservado a adultos.</p>
<h2 class="txt-int">“Nuestros hijos son grandes, queremos disfrutar de nuestra vida a dos”</h2>
<p>La fórmula del “sin niños” está ganando popularidad. Aunque el camping no estuvo completamente lleno este verano, muchos optaron por esta opción. Un martes por la mañana, a la sombra de una terraza de madera, Sacha y Géraldine disfrutan de un momento tranquilo jugando a un **juego de mesa**. Un chalet rodeado de naturaleza y en un silencia reparador es lo que el matrimonio belga buscaba. “El año pasado estuvimos en un hotel sin niños en Egipto. Me sorprendió la diferencia entre el interior del hotel y la calle comercial”, cuenta Sacha. La búsqueda del “sin niños” es especialmente relevante para Géraldine, quien es maestra de primaria. “No es que no me gusten los niños, simplemente necesito una **pausa** durante el verano. Es realmente bienvenida”, sonríe.</p>
<p>Un poco más lejos, en los espacios reservados para autocaravanas, Wendy se relaja en una tumbona. Junto a su marido, Patrick, han hecho el recorrido desde **Cambridge** hasta el Lot durante más de diez años, viajando especialmente a Carlucet. “Tenemos hijos, pero ahora que son grandes, queremos disfrutar de nuestra vida a dos. Aquí es el paraíso. Es algo muy único. ¡Podemos ver muchos animales! Y por la noche, estamos en el triángulo del Quercy, ¡así que podemos observar las **estrellas**! Todo en calma. Podemos despejar nuestra mente y relajarnos”, confidencia el británico. Y como un extra: la **wifi** solo llega hasta la recepción. “¡Es súper relajante!”, bromea Wendy.</p>
<p>Los Coe insisten: hay un mercado para todo. “Nuestra clientela es variada. Hay personas muy estresadas por el trabajo, parejas que quieren reconectar… ¡y no solo ciudadanos mayores! El año pasado, una joven de 19 años y un joven de 21 reservaron con nosotros y estaban encantados”, sonríe Sheila. Su esposo continúa: “Hay muy pocos campings y alojamientos sin niños. Algunos dicen que son solo para adultos, pero al final no es cierto”. Un comentario que comparten los belgas: “Es muy difícil encontrar alojamientos solo para adultos”. Sin embargo, el concepto del “sin niños” está encontrando su camino y sus **seguidores**.La tendencia de los alojamientos que excluyen a los niños responde a un deseo creciente de los adultos por disfrutar de vacaciones tranquilas y sin interrupciones. Esto no significa un rechazo a la infancia, sino un anhelo por momentos de descanso en un entorno sereno. El éxito del **castillo de Lacomté** demuestra que hay una demanda concreta para este tipo de turismo que prioriza la paz y el bienestar de sus huéspedes. La experiencia de quienes eligen pasar sus vacaciones en este lugar revela cómo un simple cambio en el enfoque puede transformar la experiencia vacacional en un verdadero refugio de serenidad.




