
Tuvo que suspender sus estudios en la universidad, comer es una pesadilla y tiene poca energía. Sin embargo, por fuera apenas se ve cómo sufre Tess Pype (36), de Marke. Durante 18 años, la joven ha experimentado hasta qué punto el síndrome de Ehlers-Danlos (EDS) ha limitado su vida. “Este trastorno hereditario del tejido conectivo no sólo afecta a mis músculos y articulaciones, sino también a mis órganos. Todas las cosas del día a día resultan muy pesadas”, dice Tess. Su mayor deseo es recuperar su vida. “Quiero aprovechar todas las oportunidades para finalmente volver a participar en la sociedad”. Un testimonio valiente.
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