
El 18 de marzo, el día después del asesinato, la desgarradora noticia llegó a la familia en ‘t Gooi. “Nuestra madre no podía soportarlo”, dice Sonja en la mesa de su cocina en Hilversum. Su madre padecía leucemia desde hacía años, pero la pérdida de su hijo la destrozó. “Seis meses después murió de pena”.
En los cuarenta años que siguieron, prácticamente no pasó nada. Un informe de investigación aparece unos once años después del asesinato, pero eso es todo. Luego vuelve a reinar un silencio ensordecedor durante años. Hasta hace dos años. Cuando arrestan a dos sospechosos, las cosas finalmente parecen estar avanzando. Pero eso no condujo a una condena. Sonja: “Es muy frustrante ver cómo va y viene”.
Asesinado a sangre fría
Sonja viajará ella misma a El Salvador en 2022 para aumentar la presión. “Y quería ver dónde vio la luz Hans por última vez”, dice. Después de su visita al valle, Sonja tiene una cita con el juez de instrucción que dirige la investigación en El Salvador. Sonja toma una foto del alegre Hans (ver foto arriba) en el escritorio del juez. “Este es mi hermano”, dice, deslizando otra foto al lado. “Y así es como lo recuperamos”. La segunda foto muestra cuatro cuerpos uno al lado del otro sobre mesas de aluminio en la morgue. A dos de los cuatro les pusieron paños en la cabeza porque recibieron golpes en la cara.
“A Hans sólo le dispararon en el pecho y en los pulmones”, suspira Sonja, ya en Hilversum, mientras vuelve a mirar las fotos. La investigación lleva cuarenta años paralizada y los responsables, ya muy ancianos, deambulan libremente. Para Sonja, la esperanza de que los perpetradores comparecieran ante los tribunales ya había desaparecido, pero los acontecimientos recientes han reavivado la esperanza de que se haga justicia.
