
Un inspirado trabajo en solitario del cantante de Parquet Courts, con mucha guitarra acústica, mucha intensidad en modo semi-unplugged y cadenas de palabras casi literarias.
Una y otra vez en este álbum se nos permite escapar con el narrador, por ejemplo de un oso que se da a conocer con sus patas sobre la tienda, del cielo azul aceitoso en “Mountain Time” o de la “Tumba del Faraón” en Nueva York. Cada vez que intento escapar pierdo, canta el hombre. Entonces funcionó. El cantante y guitarrista de Parquet Courts, Andrew Savage, ha grabado su segundo álbum y, a pesar del apoyo de una docena de personas inclinadas hacia él (Jack Cooper, Cate Le Bon, el baterista Dylan Hadley, la violinista Magdalena McLean de la banda Caroline y otros), puede ser clasificado como trabajo solista.
Como narrador, observador y analista, toca principalmente una guitarra acústica y lo que sucede a su alrededor es intenso, pero en gran medida está diseñado para respaldar esta operación semidesconectada. Este rumbo, que el American Savage trazó en la Inglaterra rural, comienza con “Hurtin’ Or Healed”, suena áspero, directo, hay que reconocer al cantante de Courts por su voz. Un autocuestionamiento en retazos de palabras que no es ningún sacrilegio llamar literario.
“Elvis In The Army” trata sobre estar lejos de casa, y es quizás una de las dos canciones de rock más musculosas de esta colección trepidante de canciones de fuego. Pero me quito el sombrero, Savage, con el apoyo del productor John Parish, logra producir grabaciones inteligentes y sin pretensiones en un espacio de compositor más clásico.


