
La vacuna contra la dermatose nodular contagiosa ha movilizado intensamente a los veterinarios desde el lunes. Salomé y los profesionales de la clínica de los 1,000 Coteaux han inmunizado más de 7,000 bovinos, sin contar las horas extras.
Un día ajetreado en la granja Gaillat
A pocos metros de la iglesia de Ségalas, el viernes por la tarde, la granja Gaillat experimenta una actividad inusual. Eric y Alexandre están al tanto de sus 155 vacas, distribuidas en tres lotes. La atención hacia los animales es más intensa que nunca en este día de vacunación contra la dermatose nodular contagiosa, que inquieta a los ganaderos en este fin de año. Además, han contado con la ayuda de Karine y Gilbert, quienes no solo cuidan a las vacas, sino que también gestionan la parte administrativa, ya que cada animal vacunado debe ser registrado meticulosamente.
Preparativos para la vacunación
Antes de la llegada de Salomé y Marianne, quienes conocen bien al rebaño, las vacas ya estaban organizadas y listas. Sin embargo, algunas menos dóciles debían pasar por el corredor de contención. Eric menciona: “No es tan fácil manipularlas como antes. Sienten que hay algo diferente en el ambiente. Incluso nosotros nos preguntamos sobre la preparación y el proceso post-vacunación.”
Vacunaciones en aumento
Desde la llegada de las veterinarias, el trabajo se ha intensificado. “Cada vez que vacunamos, proporcionamos al ganadero una hoja de seguimiento con los indicadores a observar”, explican. Los síntomas pueden incluir desde un poco de hipotermia hasta signos relacionados con un síndrome vacunal. En caso de duda, un test PCR distingue entre vacunación y contaminación natural.
Poco descanso para los veterinarios
Desde el lunes por la tarde, Salomé ha estado trabajando arduamente. “Preferimos estar aquí, salvando a estos animales”, declara. Ante la crisis sanitaria, la clínica veterinaria se reestructuró; los citas no urgentes se aplazaron y un veterinario se enfocó en emergencias, mientras los demás se dedicaron a la vacunación en varias granjas. Hasta el viernes, lograron vacunar a 7,000 bovinos de un total de 23,000 identificados en su área de protección. En el departamento, se habían vacunado 17,702 bovinos en 114 granjas, lo que representa el 20% del total de ganado del área.
Colaboración en el trabajo
La organización entre el equipo veterinario es crucial. Salomé pica y Marianne cambia las agujas, y todos están comprometidos con la causa, ya que provienen de familias de ganaderos. Marianne, especialista en perros, no dudó en unirse a la vacunación en su día libre. “No podía quedarme de brazos cruzados”, dice mientras trabaja junto a sus colegas.
La carga emocional y física
Las jornadas son extensas, de 7 a 20 horas, interfiriendo entre las visitas a granjas y la transmisión de datos a las autoridades al final del día. “La velocidad de nuestro trabajo depende de cada granja”, señala Salomé. Ellos son bien recibidos, lo que facilita su labor. Aunque se sienten preparados para estas intervenciones, admiten que la carga de trabajo ha aumentado significativamente, lo que puede ser agotador. Pese a todo, terminan cada día con la satisfacción de haber protegido a muchos animales.

Después de finalizar la tarea de vacunar a las 155 vacas, las veterinarias se quitan las batas y guantes, desinfectándose antes de concluir otro largo día.



