
Una comparación sobre contratos y salarios en el contexto de una inflación que subió a 6,7% en marzo. Los incrementos de precios desde la energía hasta los alimentos aligeran el poder adquisitivo de los sueldos y pensiones. Después de Semana Santa, el Gobierno y los agentes sociales se sentarán en la misma mesa, en el Palacio Chigi, para el encuentro ya anunciado por el primer ministro Mario Draghi, cuando la semana pasada propuso un pacto para hacer frente a los meses complicados que afronta el país. El 14º Informe Periódico de las convenciones colectivas vigentes de la CNEL informó que en 2022 expirarán 122 convenciones colectivas de trabajo a nivel nacional. De los 992 contratos vigentes a 31 de diciembre, 622 han vencido (según la fecha de vencimiento indicada en el texto), mientras que los 370 restantes (37,3%) siguen vigentes.
Sindicatos: revisar el parámetro subyacente a la renovación de los contratos nacionales
El juego no es fácil. Ante la subida de la inflación, los sindicatos ya han salido al campo desde febrero argumentando que, en comparación con Confindustria y las demás patronales, debería revisarse el parámetro que actualmente está en la base de la renovación de los contratos nacionales. Se trata del IPCA (índice de precios de consumo armonizado a nivel europeo) sin los precios de la energía, que hoy son los que más suben y que empujan al alza el nivel general de inflación. Según CGIL, CISL y UIL, mantener este parámetro significa entonces no aumentar sino reducir el valor real de los salarios. En marzo, el índice nacional de precios al consumidor sin energía aumentó 2,5% ia, mientras que el índice general lo hizo en 6,7%. Otra forma de apoyar las nóminas podría ser actuar sobre la palanca fiscal previendo la reducción de impuestos de los aumentos contractuales, como es el caso de la negociación de segundo nivel con los bonos de productividad y para el bienestar.
Empresas: recortar la cuña fiscal-contributiva
Las empresas están haciendo sonar la alarma sobre la resiliencia, en medio de aumentos en los precios de la energía y las materias primas. “El shock energético y los altos precios de las materias primas están comprometiendo seriamente la estabilidad y la capacidad productiva”, ha destacado el presidente de Confindustria, Carlo Bonomi. Los empresarios piden al Gobierno que reduzca inmediatamente la cuña fiscal-contributiva y aumente la productividad, fundamental palancas para aumentar los salarios y apoyar a las empresas (ver también Il Sole 24 Ore del 12 de abril).
Orlando ve sindicatos en contratos y salarios mínimos
La discusión se entrelaza con la otra cuestión abierta sobre la mesa que es la de enfrentar la precariedad y los llamados contratos “piratas”, firmados por siglas poco representativas, que llevan a la baja de salarios por dumping. El punto, como lo expresó en varias ocasiones la ministra de Trabajo, Andrea Orlando -quien en la tarde de hoy, martes 12 de abril, iniciará una ronda de consultas informales, reuniéndose con los sindicatos para iniciar la discusión en el frente contractual y comenzar la el tema del salario mínimo y de la representación, de cara a la próxima semana- es la posibilidad de mantener juntos la negociación y el salario mínimo. De hecho, los sindicatos se oponen a la definición de un salario mínimo por ley: la referencia, en su opinión, está dada por los mínimos contractuales (a extenderse también a quienes no tienen negociación colectiva).
El nodo de representación
Luego está la cuestión de la representación y medida del peso de quienes estipulan los contratos. Criterios que han sido establecidos por acuerdos interconfederales, el primero entre Cgil Cisl y Uil y Confindustria en 2011. Los cuales deben ser aplicados y ampliados. Sobre cómo los sindicatos no están en la misma línea: la CGIL pide desde hace tiempo una ley de representación, no apoyada en cambio por la CISL y la UIL, según la cual el camino a seguir es el pacto, la definición se deja a la autonomía de los interlocutores sociales. Entre los proyectos de ley sobre el salario mínimo está el de los M5, del que es primera firmante la exministra de Trabajo Nunzia Catalfo y que fue aprobado como texto base en la Comisión de Trabajo del Senado, que lo fija en 9 euros brutos horas (como salario mínimo).



