
Un homenaje de casi 1.000 personas, incluido el futbolista Dries Mertens. Ese fue el funeral que Jack Horions, de 11 años, recibió el sábado por la mañana en la funeraria Rustpunt en Hoevenen. Pero se lo merecía. Jack era amigo de todos. Un alma vieja en un cuerpo joven que podía hacer reír a todos, pero al mismo tiempo a veces te sostenía un espejo. El dolor colectivo en la sala era inconmensurable. “¡Nuestros oponentes ya no tienen ninguna posibilidad, porque a partir de ahora jugaremos con un hombre más!”
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