
TOM NICHOLSON / AFP
Emmanuel Macron, aquí en mayo 2026 lors d’une conférence de préparation du G7.
Emmanuel Macron se encuentra en la recta final de su mandato presidencial y el 15 de junio inicia su último G7 en Evian. Este evento es el culmen de una década llena de declaraciones y posturas en el escenario internacional, aunque su legado presenta un balance ambiguo: logros teóricos innegables pero con dificultades en la implementación.
Un G7 marcado por la incertidumbre global
Este encuentro en suelo francés es particularmente significativo, ya que representa la primera reunión transatlántica entre el presidente de EE. UU., Donald Trump, y los demás miembros del G7 desde el inicio de la guerra en Irán. Las tensiones mundiales y la guerra en Ucrania, con la presencia del presidente Volodymyr Zelensky, están en la agenda. Además, Macron presentará temas “estructurales”, como la reducción de desequilibrios macroeconómicos, enfatizando la necesidad de un consenso sobre un “agenda de crecimiento sostenible”.
Éxitos teóricos de Macron
Macron ha defendido el concepto de “Europa potencia”, expuesto en su discurso de la Sorbona en 2017. Aunque este enfoque ha encontrado eco en tiempos recientes, la prueba está, como señala el experto Michel Duclos, que “en diplomacia, tener razón es menos importante que obtener resultados operativos”. La idea de una disuasión nuclear europea, que ha sido apoyada por aliados, también ha enfrentado resistencia interna en Francia, afectando la credibilidad de Macron en el exterior.
Desafíos de la disuasión nuclear y el SCAF
El proyecto de disuasión nuclear está en marcha, pero las críticas internas y la posposición del programa SCAF, un avión de combate franco-alemán, reflejan las limitaciones de la cooperación en defensa europea bajo su liderazgo. La creciente popularidad del partido de extrema derecha Rassemblement National añade una capa de incertidumbre sobre su futuro político y el clima internacional.
Revisando las ambiciones climáticas
En otro ámbito, el presidente ha tenido que ajustar sus expectativas respecto a las metas climáticas. Tras el contundente “Make Our Planet Great Again” que lanzó tras el retiro de EE. UU. del Acuerdo de París, la realidad actual revela que los objetivos climáticos no gozan de consenso en el G7. Aunque la oficina de Macron evite hablar de “fracaso”, el reconocimiento de que “no ha funcionado” es contundente.
Implicaciones de las crisis globales
El G7 también pone de relieve la impotencia de Macron ante crisis como la de Irán y Ucrania. Con una creciente dificultad para mantener el apoyo, especialmente de EE. UU., los acuerdos sobre la guerra en Ucrania deben abordar la necesidad de “mantener el apoyo” de los aliados y mejorar las condiciones para la negociación con Rusia. La situación en el Golfo también es incierta, y el gobierno francés mantiene un discurso cauteloso frente a modelos definidos.
Un futuro incierto
Finalmente, con solo once meses restantes en su mandato, Macron busca dejar un legado tangible en la escena internacional. Las iniciativas propuestas, desde coaliciones post-conflicto hasta acciones para el Golfo Pérsico, aún están en fase de planteamiento. Sin embargo, el reloj avanza, y el fracaso de estas propuestas podría sumar a su lista de proyectos fallidos, complicando su imagen tanto nacional como internacional.




