
Los niños vuelven a salir al frío con el transporte de estudiantes en el municipio de Apeldoorn. Los padres se quejan de los conductores que no se presentan, llegan tarde o temprano o se niegan a abrocharse los cinturones de seguridad. La medida está llena, dicen. “Mi hija ya no quiere subirse a ese autobús, pero tiene que hacerlo”.
