
La noche del 14 de octubre de 2014 en Belgrado, las tensiones por Kosovo, los cánticos que recuerdan los tiempos dramáticos de la guerra: la historia de dos mundos difíciles de reconciliar. Y listos para reencontrarnos en la cancha: un lugar en el Mundial está en juego
Túnel que separa los vestuarios y el campo del Stadion Jna de Belgrado, sede del Partizan. Momento muy delicado: se dice que en los cinco minutos previos al inicio de un partido pasan por delante de un jugador los momentos más destacados de toda su carrera. Quizás incluso su propia vida. Un cortometraje mudo que debe disparar adrenalina y quitar el miedo: el jugador selecciona la música, lo importante es que energice la mente, el corazón y las piernas. Pero el 14 de octubre de 2014, dentro del túnel, no hay necesidad de pulsar play en la mente de los dos equipos que están a punto de enfrentarse sobre el terreno de juego. El cortometraje empezó hace semanas, meses. En los vestuarios y sobre todo en la grada lo único que se espera es ese partido. Aquella tarde, en Belgrado, años de negociaciones y laboriosos intentos de distensión se esfumaron, mientras volvían a aflorar las chispas nacionalistas que siempre habían estado laboriosamente ocultas bajo la alfombra. Nunca tires a la basura. Porque es la noche entre Serbia y Albania. El partido se jugará el 14 de octubre, por así decirlo. En la mañana del día 15 el mundo entero intuyó que se había abierto una crisis diplomática. Y poco después hay quienes intentan ir más allá y preguntan: “¿Pero cómo es posible que ese partido no haya sido sancionado?”. Me pregunto si alguien se estará preguntando esto incluso ahora, diez años después. Serbia-Albania, nueva gira en el túnel. Y esta vez el Mundial está en juego.
