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La Historia de Émile Dal Bello: Un Viaje a Través del Tiempo
Émile Dal Bello nació el 16 de junio de 1925 en Vedelago, una pequeña localidad en la provincia de Treviso, Italia, situada a tan solo 60 kilómetros de Venecia. Fue el cuarto hijo de Giuseppe Dal Bello e Italia Martini, la segunda esposa de Giuseppe. Italia, también hermana de Maria, la primera esposa de Giuseppe, se convirtió en madre nuevamente tras la temprana muerte de Maria, quien falleció a los 33 años debido a la fiebre tifoidea. La historia de Émile comienza en una familia marcada por la resiliencia y las circunstancias adversas.
A la edad de 4 años, la familia tomó la difícil decisión de mudarse a Bélgica, un viaje que realizaron en un carro tirado por caballos. En su nueva vida, Giuseppe trabajaba en una mina bajo condiciones extremadamente duras, laborando seis días a la semana en un entorno oscuro y peligroso. Muchos hombres en la mina sufrieron graves accidentes o, en algunos casos, perdieron la vida. Mientras tanto, el hermano de Giuseppe, Ricardo, había establecido su vida en Francia, lo que posteriormente influiría en el destino de la familia Dal Bello.
La Vida en Blanchet: Un Nuevo Comienzo
Después de dos años de sufrimiento en Bélgica, la familia decidió mudarse a Francia, buscando una vida más digna basada en el trabajo agrícola. Ricardo les ayudó a encontrar un hogar en Blanchet, cerca de la eclusa de Berry, donde se instalaron en una pequeña y deteriorada granja rodeada de espinos. A pesar de las condiciones rudimentarias, la vida comenzó a mejorar; la familia pudo disfrutar de pollos, frutas, verduras, leche y algunos peces del cercano canal.
La infancia de Émile fue más feliz en este nuevo entorno. Asistía a la escuela en Damazan, donde sobresalía a pesar de las ausencias provocadas por las labores del campo. Esta nueva etapa le permitió cultivar no solo su educación, sino también un profundo vínculo con la tierra que lo rodeaba.
“Los Macaronis” y la Resiliencia Durante la Guerra
La llegada de la Segunda Guerra Mundial el 3 de septiembre de 1939 marcó un punto de inflexión en la vida de Émile. Con la declaración de guerra de Mussolini a Francia y el aumento de la tensión social, los inmigrantes italianos, a menudo llamados “Macaronis”, enfrentaron dificultades adicionales. Sin embargo, cuando la guerra finalmente terminó el 8 de mayo de 1945, Émile, ahora con 20 años, pudo por fin disfrutar de una vida sin privaciones.
La familia Dal Bello se trasladó a una granja más grande en Grand Bernisca, donde el suelo era fértil y la infraestructura mejor. Las condiciones de vida mejoraron significativamente y la esperanza floreció en el aire.
Los Primeros Pasos de Émile como Agricultor
Con el tiempo, Émile conoció a Marie Torre, con quien se casó el 21 de abril de 1951. Juntos comenzaron una nueva vida en una pequeña granja en Montluc, a orillas de la Garonna. Su primer hijo, Serge, llegó en 1952, y para 1956, la familia se mudó a Dussan, donde continuaron desarrollando su operación agrícola.
Con el avance de los años 60, Émile invirtió en tecnología agrícola como tractores y herramientas modernas, lo que permitió aumentar la producción. Luego de ser naturalizado francés en 1967, la familia incorporó nuevas técnicas de cultivo, y bajo la dirección de Serge, comenzaron a diversificar sus actividades hacia el maraquaje, además de seguir cultivando las tradiciones de sus antepasados.
Una Familia Unida y Activa
A pesar de que la jubilación llegó en 1987, a la edad de 62 años, Émile continuó siendo un pilar de su comunidad. Su dedicación se hizo evidente a través de su colaboración en las labores de su hijo Serge y su papel activo en el club de la tercera edad. En 2015, regresó a Vedelago con su familia, donde encontró una gran comunidad de Dal Bello, participando en reuniones familiares que celebraban su árbol genealógico.
Marie, su amada esposa, falleció a finales de 2020, pero Émile permanece rodeado de amor, con sus dos hijos, nueras, nietos y bisnietos. La vida de Émile es un testimonio del poder de la familia y la solidaridad. ¡Y el domingo pasado, más de 130 personas se reunieron para celebrar su centenario, un logro digno de admirar!
Las cartas de los altos funcionarios, incluso la del presidente de la república, resaltan la importancia de la vida de Émile Dal Bello, cuyo legado continúa a través de su extensa y amorosa familia.
La historia de Émile es un reflejo del esfuerzo, la perseverancia y la unión familiar en tiempos de adversidad. Su vida es un ejemplo de cómo el amor y la dedicación pueden superar cualquier obstáculo, dejando una huella imborrable en aquellos que tienen la fortuna de conocerlo.



