
DAMIEN MEYER / AFP
Según Vigicrues, la Francia enfrenta una situación « excepcional » como lo muestra esta vista aérea de Chalonnes-sur-Loire, inundada el 17 de febrero de 2026.
La angustia de Georgette
A las 6:45 de la mañana, Georgette, una mujer de 93 años, abre los postigos de su casa, ubicada a pocos metros de la Dronne, al norte de la Dordogne. La noche anterior, el agua amenazaba con desbordar, pero aún no había llegado a su puerta. Sin embargo, al levantarse, se encuentra en una situación alarmante. « Cuando me levanté, ¡merde! Estaba en la calle », exclama.
En solo unas horas, la amenaza se convirtió en realidad. El agua ya estaba a escasos centímetros del umbral de su hogar. Con una experiencia que solo los años pueden proporcionar, Georgette ha aprendido a temer las rápidas transformaciones que pueden ocurrir en situaciones de inundación. « Es demasiado, ya llevamos ocho días así », dice con un suspiro, mostrando el estrés acumulado que la acompaña.
Una batalla recurrente contra la inundación
Esta no es la primera vez que la Dronne invade su hogar. En diciembre de 2023, su cocina fue invadida por quince centímetros de agua. Para Georgette, cada inundación representa una experiencia distinta, y ahora, a sus 93 años, siente que la intensidad de la situación ha cambiado. « Como dice mi hija, la última vez no tenía 90 años », confiesa, reflejando la carga emocional que enfrentan quienes han vivido recurrentemente desastres naturales.
Antes del primer episodio de este año, agentes municipales llegaron a su casa para ayudarla a elevar su refrigerador y otros muebles, ahora colocados sobre palets y bloques de cemento como medida preventiva.
Cambiando el enfoque
La reciente pausa en las lluvias había llevado a Georgette a considerar la posibilidad de reubicar sus pertenencias, pero finalmente decidió no hacerlo. « He dejado todo como está. Un perro avisado no teme al agua caliente. Después de haber sido inundada una vez, la segunda vez estás alerta », comparte, evidenciando un comportamiento cauteloso que ha aprendido de la experiencia.
La lluvia vuelve a amenazar
Con el pronóstico de más lluvias hasta el jueves, Georgette observa el cielo y siente las gotas gruesas caer sobre la ya crecida Dronne. « Oh merde, ¡está lloviendo! En estos casos, no se habla con cortesía. Se habla con el corazón », dice, reflejando la angustiosa realidad que viven muchas personas en la región.
Mientras el nivel del agua se eleva, sus emociones se tornan pesadas. El impacto de las inundaciones no solo se mide en centímetros de agua, sino en el nivel de estrés y miedo que generan en los ciudadanos, especialmente en aquellos como Georgette, que han enfrentado esta lucha durante décadas.
La resiliencia frente a la adversidad
A pesar de la dificultad, Georgette continúa mostrando su fortaleza. Su experiencia nos recuerda que el tiempo avanza, y con él, la historia de quienes viven en zonas vulnerables. Cada inundación trae consigo no solo el reto físico de reconstruir lo perdido, sino la necesidad de encontrar fuerzas internas para sobrellevar la angustia y el miedo.
La historia de Georgette es solo una entre muchas, un recordatorio poderoso de la resiliencia humana frente a la adversidad provocada por el cambio climático y su impacto en la vida cotidiana.



