
Cuarenta segundos. Ni siquiera un minuto. El incendio en el hotel Switel no duró más. La llama de una vela se extendió hasta un árbol de Navidad completamente seco y, unos momentos después, la sala de banquetes del hotel de Amberes se convirtió en un infierno de 1.200 grados. Quince personas murieron y otras 164 resultaron gravemente heridas. “En ese momento ves que las personas son en realidad animales. Todos se empujaban y pisoteaban unos a otros”.
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