
Un niño que tiene una conversación sexualmente teñida con la princesa Anna de Frozen. O un adulto que vive en una conversación erótica con una ‘colegiala sumisa’. Todo resulta poder hacer meta ai-chatbots. El CEO Mark Zuckerberg parece querer establecer pequeños límites a la inteligencia artificial, temeroso de enfrentarse a la competencia.
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