
Serena Dandini (foto de Gianmarco Chieregato).
Nono puedo estar de acuerdo con eso Marcel Proust cuando en 1896 afirmaba convencido: «No desprecies la música popular.…
Poco a poco se fue llenando de sueños y lágrimas de hombres. Para esto hay respetable. Su lugar es inmenso en la historia sentimental de la sociedad”.
Y es precisamente una narrativa sentimental la que Gino Castaldo hace en su último libro El cielo ardía de estrellas. La temporada mágica de los compositores italianos (Mondadori).
Un viaje a través de la composición made in Italy tan apasionante como una novela. El crítico musical no es nuevo en este tipo de aventuras pero este libro está particularmente inspirado y va directo al corazón de los lectores.
La infinidad de información y anécdotas inéditas –siempre sabrosos e interesantes– son sólo el marco de la historia: a través de los sucesos y canciones de los autores más queridos por el público, Castaldo reconstruye la historia colectiva que ha sostenido el imaginario de varias generaciones y es precisamente la participación emocional del autor lo que marca la diferencia.
Su encanto y su implicación son también nuestros, como lo son los escalofríos que todavía nos dan ciertos versos. Lucio Dalla, Francesco De Gregori, Franco Battiato y compañía de canto…
“El cielo ardía de estrellas. La estación mágica de los cantautores italianos” de Gino Castaldo (Mondadori).
La idea de examinar un puñado de años que han cambiado el rostro de la música y marcado algunos de los hechos más dolorosos y emblemáticos de nuestro país es maravillosa.
Todo comienza simbólicamente en agosto de 1979, con el secuestro en Cerdeña de Fabrizio De André y Dori Ghezzi.un acontecimiento traumático que se convierte en un parteaguas y se abre a un mundo nuevo.
Y año tras año, o más bien mes tras mes, Castaldo sigue el nacimiento de una serie de obras maestras musicales que increíblemente salió a la luz en un lapso muy corto: un momento fértil e irrepetible, que le ha dado al país unas joyas que han quedado en la historia.
Los cantautores conquistaron el mercado en esos años y, como por arte de magia, el arte se masificó. Todo sucede sin un diseño preestablecido, por arte de magia, como si una musa benévola hubiera decidido rociar polvos mágicos directamente sobre nuestra Bota.
Un momento de extrema creatividad que, sin embargo, también presagiaba un triste declive: nuestra historia está toda encerrada ahí, en esa lista de canciones maravillosas que aún ahora, con cada escucha, nos emocionan. Bastaba saber leerlo y Castaldo lo hizo por nosotros.
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