
El 18 de enero de 1970, en plena carrera por el campeonato, Rombo di Tuono marcó en Vicenza un gol que fue “medio basura”. Unos minutos después marcará un doblete y esta vez hará historia.
Exactamente un año después de su muerte, el más espectacular, el más fantasmagórico y el más intrépido de los 249 goles oficiales de su carrera. Aquel día, hace casi 55 años, el 18 de enero de 1970, Gigi Riva sacó de su repertorio una expresión de esfinge, explicó que para captar la trayectoria del balón tenía que “acelerar los tiempos de ejecución” – en resumen, tenía que darse prisa – y concluyó evitando la vanagloria, con la humildad que sólo tienen los campeones, de hecho confesó que “Además de habilidad en estas cosas, también se necesita un poco de suerte” y lo dijo apretando sus manos con fuerza. hombros, como para hacerse más pequeño, evitando la ola de elogios entrantes. Acababa de marcar uno de esos goles que, vistos una y otra vez incluso años después, nunca dejan de conservar la chispa de la belleza eterna; amplificado por las imágenes en blanco y negro y el uso de la cámara lenta -o más bien: cámara lenta- que estaba de moda en los servicios dominicales de la época, haciendo que la narrativa futbolística fuera épica.
