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Pexels / Sarah Chai
À 2 mois, la génétique explique environ 50 % de l’intensité des pleurs, révèle l’étude.
GÉNÉTIQUE – Es una situación a la que se enfrentan la mayoría de los **nuevos padres**: tener un **bebé** que llora a lágrima viva sin que nada lo calme. Ni el **berceo**, ni el hecho de ser alimentado o cambiado parecen funcionar.
Aunque sean estresantes, estos **llantos inconsolables** son en realidad normales y no dependen de las habilidades parentales. Esto es lo que resalta un nuevo estudio de la **Universidad de Uppsala** y el **Instituto Karolinska** en Suecia.
Llevado a cabo con 1,000 gemelos y sus padres, y publicado en la revista JCPP Advances, el estudio demuestra que la **frecuencia de los llantos** de un bebé se determina en gran parte por la **genética**, y no por decisiones educativas, alimentarias o la rutina establecida a la hora de dormir.
Déculpabiliser les parents
Los investigadores basaron sus hallazgos en las respuestas proporcionadas por los padres de los bebés en un **cuestionario**. Para determinar en qué medida un comportamiento es genéticamente determinado, compararon gemelos idénticos (monozigóticos) con gemelos fraternos (dizigóticos). Observaron que los llantos están en gran parte determinados por **factores genéticos**.
“A los 2 meses, la genética explica aproximadamente el 50 % de la intensidad de los llantos. A los 5 meses, explica hasta el 70 % de la variación. Para los padres, puede ser reconfortante saber que los llantos de su hijo se explican en gran parte por la genética, y que ellos tienen pocos medios para influir en la intensidad de los llantos de su hijo”, explica en un comunicado Charlotte Viktorsson, investigadora postdoctoral en psicología y autora principal del estudio.
Desde luego, el **entorno** del niño también es crucial para entender sus llantos. Sin embargo, según los autores del estudio, este factor juega un papel menor que los **genes**. Esto es lo que llaman “el entorno único”, determinado por factores específicos de cada niño, como diferencias en la atención o la educación proporcionada por los padres, o los estímulos externos.
Para el sueño, el rol determinante del entorno
El estudio también investigó la influencia de la genética sobre los **despertares nocturnos** y el tiempo que tardan los bebés en **conciliar el sueño**. A los 2 meses, la rapidez con la que un bebé se duerme está principalmente influenciada por factores ambientales, incluyendo hábitos de sueño y el entorno en el que el bebé se queda dormido. En cambio, a los 5 meses, la genética vuelve a jugar un rol más relevante.
“Esto refleja el rápido desarrollo de los bebés y podría indicar que los esfuerzos de los padres para ayudar a su hijo a dormirse tienen probablemente el mayor impacto durante los primeros meses”, señala Charlotte Viktorsson, que sigue siendo cautelosa, ya que se trata de un estudio **observacional**.
Los investigadores continuarán siguiendo a los gemelos hasta los 3 años para comprender mejor cómo evolucionan el sueño y los llantos en la primera infancia. El objetivo es determinar en el futuro si **factores medioambientales** específicos afectan el número de despertares nocturnos o el tiempo que se necesita para que el niño se duerma.
La investigación sugiere que la comprensión genética de los llantos de los bebés puede aliviar la presión que sienten muchos padres al verse abrumados por el llanto de sus hijos. Aunque existen factores ambientales que afectan el comportamiento del niño, saber que gran parte de esos llantos son genéticamente determinados puede cambiar la perspectiva de los padres y brindarles un poco más de tranquilidad en este desafiante período de la crianza.



