
https://focus.huffingtonpost.fr/2025/07/09/0/0/6000/3375/0/0/60/0/9022f55_upload-1-vndmhsynxxln-pexels-sarah-chai-7282776.jpg
La conexión entre genética y llanto en los infantes
El llanto de los **nourrissons** es una de las experiencias más desafiantes para los padres. En un estudio reciente de la **universidad de Uppsala** y del **Instituto Karolinska** en Suecia, se ha revelado que estos llantos inconsolables no siempre dependen de la habilidad parental, sino que una parte significativa de esta conducta está **determinada genéticamente**. La investigación, publicada en la revista JCPP Advances, analizó a 1,000 jumeaux y sus padres, mostrando que el **50% de la intensidad de llanto** de un bebé a los dos meses puede atribuirse a la genética.
Un estudio revelador sobre los gemelos
Los investigadores realizaron una comparación entre **gemelos idénticos** (monozygóticos) y **gemelos fraternos** (dizigóticos). Esto les permitió observar que los factores genéticos influyen en gran medida en la cantidad que llora un bebé. Según la **investigadora** Charlotte Viktorsson, el 50% del llanto a los dos meses y hasta el 70% a los cinco meses son atribuibles a la genética:
“Para los padres, es reconfortante saber que los lloros de su hijo se explican en gran parte por la genética, y que tienen poco control sobre esta intensidad”.
Esto significa que, aunque el entorno familiar y las estrategias de crianza importan, el **comportamiento lloroso** de los bebés es mayormente moldeado por su **herencia genética**.
Factores ambientales y su influencia
A pesar de la importante influencia genética, **el entorno del niño** también es vital. No obstante, los autores del estudio sugieren que el impacto del ambiente es menor en comparación con la genética. Ello se debe a lo que llaman el **”entorno único”**, que incluye variaciones en la crianza y estímulos externos a los que cada niño está expuesto. Este factor no es menos importante, pero no eclipsa la influencia hereditaria.
El impacto del entorno en el sueño
En la misma línea, el estudio también investigó el papel de la genética en los **despertares nocturnos** y el tiempo que tardan los bebés en dormir. A la edad de **dos meses**, la rapidez con que un bebé se duerme es sobre todo influenciada por factores ambientales, como las **rutinas de sueño** y el entorno donde el bebé se queda dormido. Por otro lado, a los **cinco meses**, la genética vuelve a jugar un papel relevante. Esto significa que durante los primeros meses, los esfuerzos por parte de los padres para ayudar a su hijo a dormir tienen un impacto significativo.
“La rápida evolución de los recién nacidos puede indicar que los esfuerzos de los padres son más efectivos durante los primeros meses”.
Seguimiento continuo del desarrollo infantil
Los investigadores tienen planeado continuar el seguimiento de los gemelos hasta que cumplan **tres años** para analizar cómo evolucionan ambos factores: el llanto y el sueño. Su objetivo es determinar si existen **factores ambientales específicos** que influyen en el número de despertares nocturnos o en el tiempo que tarda un niño en dormirse. Este estudio es fundamental, ya que puede iluminar a los padres sobre lo que realmente afecta a sus hijos durante la **infancia temprana**, permitiéndoles implementar estrategias más efectivas.
El estudio de la relación entre genética y llanto en los bebés es un enfoque revolucionario que puede ayudar a los padres a entender que no todo depende de sus habilidades como cuidadores. Al conocer que una parte significativa de los llantos puede ser atribuida a la herencia genética, los padres pueden sentirse menos **culpables** y más **empoderados** para manejar estas dificultades comunes. La crianza es un reto, pero también un viaje lleno de aprendizajes y adaptaciones que, en gran medida, se encuentran influidos por factores que escapan a nuestro control.




