
Una señora de 78 años, con el pelo bien peinado y un bolso elegante, entra en la sala del tribunal de Utrecht. La mantenía despierta por la noche, le dijo al juez. No sabía que las carteras hechas de piel de serpiente y de especies en peligro de extinción, que exhibió el año pasado en un puesto de venta en la feria de coleccionistas de Utrecht, eran ilegales.
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