
Romeo era un personaje único, el tótem de los años de oro de Nerazzurri. Desde negociaciones del mercado hasta los kilos de sal dispersos en el campo, hasta la relación con los jugadores, entre caricias y escudos
Con un orgullo motivado, apoyó: “Pisa soy yo”. Fue. A él. Romeo Anconetani. El Rey Sol de Pisa. Uno, cien mil. Padre, Maestro. Un tótem, un golem. Pieza rara, única e inimitable. Volcánico a la antonomasia, histriónica, pop y populista, explosiva, un cerino siempre sobre y fácil de enojar, impetuoso en el enfoque, capaz de gestos ahora cuestionables y ahora muy nobles, teatral para la instalación, estrella por aptitud, feliz de revolcar, en las mangas de camisa y cazadas con la protección, en el leche festiva de su pueblo. Drenado, Torre: El monumento en la postal es Romeo.


