
Douleurs físicas, **détresse morale**, **errance médica**… En Francia, 23 millones de personas viven con **dolores crónicos**. Confrontados a un verdadero **parcours du combattant**, pacientes comparten con La Dépêche su calvario diario.
La depresión acompaña frecuentemente a quienes sufren de **dolores crónicos**. Para Athanie, habitante de los Deux-Sèvres, su vida diaria está marcada por **dolores en brazos, espalda y piernas**. “No hay tratamiento, solo analgésicos y sesiones de **RTMS** (estimulación magnética transcraneal)”, comenta la paciente.
Noémie, quien padece de **algia vasculares de la cara** desde hace casi diez años, señala la invisibilidad de su enfermedad: “Esta afección es un verdadero **handicap**. Pasé tres años sufriendo sin saber por qué, sin encontrar solución para el alivio”. Sus palabras revelan la frustración de quienes luchan contra el sufrimiento y la incomprensión.
Los **efectos secundarios** de los tratamientos, la **fatiga constante**, y la dificultad en el trabajo son varios de los factores que agravan su situación. “La dolor nos encierra poco a poco. Temo no poder trabajar en una crisis o poner en peligro a alguien al conducir bajo tratamientos”, relata Noémie con pesar.
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Largo seguimiento médico
Los **dolores crónicos** imponen un seguimiento médico complejo. “Gasto mucha energía en los viajes a la farmacia, las citas médicas y adelantando gastos”, comparte Noémie. “Un tratamiento que tomé durante seis años no ‘prueba’ que prevenga las crisis de algia, por lo que podría interrumpirlo. Hay una gran falta de **reconocimiento** y cobertura de esta enfermedad”.
Olivier, tras más de veinte años y diversas tareas de preparación de pedidos, también siente el peso del sufrimiento: “Sufro de dolores en brazos, espalda baja y muñecas. Soy reconocido como **trabajador discapacitado** sin porcentaje. A pesar de varios parones laborales, continúo trabajando en el sector de la **seguridad privada**. Cuando el dolor es intenso, tomo analgésicos y busco alivio como puedo.”
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Difícil diagnóstico
Es común que los pacientes tarden meses o años en encontrar un diagnóstico claro. Martine, residente en el Aude, narra su experiencia: “Siempre tenía un fuerte dolor en la parte baja de la espalda. Los médicos pensaban que solo eran **falsas ciáticas** hasta que un reumatólogo en Toulouse diagnosticó **fibromialgia**”.
A raíz de su enfermedad, dejó su trabajo como **auxiliar de enfermería** y se reconvirtió al **secretariado**, pero incluso allí se vio forzada a cesar. “No puedo estar mucho tiempo sentada o de pie. Hago **gimnasia adaptada** y algo de marcha; dosifico mis esfuerzos según la fatiga y el dolor”, expresa Martine.
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La administración es un verdadero calvario
Pauline ha experimentado **dolores cervicales** desde un accidente. Su vida se adapta constantemente a su malestar: “Debo vivir en el presente. Es difícil tener proyectos a largo plazo”, confiesa. Este dolor, a menudo invisible, la lleva a sentir que debe “sonreír frente a los demás, a pesar del sufrimiento”.
Además, describe su situación financiera: “La administración es un **calvario**. No me siento apoyada en mis gestiones, especialmente por la **MDPH** (Maison Départementale des Personnes Handicapées). La comunicación solo telefónica o por correo se siente deshumanizadora y deja en un profundo desasosiego. Afortunadamente, tengo un buen apoyo emocional”.
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He descubierto en mí una fuerza insospechada
Pese a todas las adversidades, Pauline se muestra optimista: “Los **dolores crónicos** también me han traído cosas buenas. He descubierto en mí una **fuerza insospechada** y desarrollado una notable capacidad de **resiliencia**”, comparte. “He aprendido a apreciar las pequeñas alegrías. Estas molestias ahora son parte de mí. Luego de años de sufrimiento, he comprendido que cuanto más me enfrento a ellas, más padezco. En cambio, al aceptarlas poco a poco, se sienten menos intensas”.
Éstas son vivencias de un importante segmento de la población francesa que lucha diariamente con el dolor. La concienciación sobre estas enfermedades es crucial para mejorar la calidad de vida de quienes las padecen y garantizar una atención médica adecuada.



