
Giada Rossi y Matteo Parenzan copan el oro en la etapa italiana que da puntos para la clasificación a los Juegos
En el movimiento paralímpico, el tenis de mesa es sin duda uno de los deportes más inclusivos (se divide en 11 clases según el impacto del tipo de discapacidad en el rendimiento) y uno de los más practicados. Puedes jugar sentado o de pie y puedes agarrar la raqueta con cualquier parte del cuerpo (algunos atletas sin brazos usan la boca). En Lignano Sabbiadoro, en la etapa de la vuelta al mundo válida para la asignación de puntos de clasificación para los próximos Juegos Paralímpicos de París, Italia se lleva a casa nada menos que cuatro medallas de oro. Individualmente, Pordenone, de veintiocho años, de Zoppola Giada Rossi, y el jovencísimo Matteo Parenzan, de Trieste, conquistaron el metal más precioso.
Del handbike al tenis de mesa
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Giada, primera jugadora azul, es clase 2. Deportista desde niña, se inicia en el voleibol obteniendo excelentes resultados. En 2008 el accidente: “Un chapuzón en la piscina de mi casa le provocó el estallido de una vértebra cervical y la consiguiente tetraplejia. Once meses de internación y luego, de a poco, comencé a hacer handbike, natación y tiro con carabina”. El encuentro con el tenis de mesa llega a la escuela: “En cuarto grado llega Marinella Ambrosio como profesora de educación física, en ese momento presidenta del comité Paralímpico Regional. de Friuli, que no solo me devolvió al gimnasio, sino que luego me empujó a practicar esta disciplina en un gimnasio cerca de mi casa -dice Giada-. En 2012 comencé con las primeras competiciones y luego en 2013 en Lignano los primeros campeonatos italianos. Era el año de los Juegos y el centro federal estaba en Lignano, así empezó mi aventura. Fue un punto de inflexión porque cuatro años después del accidente volví a hacer deporte y desde ese momento me di cuenta de que era una parte fundamental de mi vida y me dio esas ganas de emprender un camino para hacer realidad un sueño”. En Lignano Giada se llenó: ”Gané tres medallas de oro. En individuales clase 2, en dobles femenino con Michela Brunelli y en dobles mixtos con Federico Crosara. Después de los años de pandemia, volver a empezar este torneo fue bonito y ganar en casa siempre sabe diferente y emocionante”. Para Giada también el honor de ganar medallas en los Juegos: “Participar en unos Juegos Paralímpicos es algo muy grande. En Río coroné un hermoso sueño, a saber, ganar la medalla de bronce. En ese momento vi que todo el trabajo realizado valía la pena. Fue precisamente este resultado el que me dio el deseo de seguir persiguiendo mi sueño y sacrificarme para alcanzar metas cada vez mayores – continúa Giada – como ganar otra medalla en Tokio con Michela Brunelli”.
Ideas claras
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Matteo Parenzan aún no ha cumplido los veinte años pero sus ideas ya son claras: “El deporte se ha convertido en un punto fundamental en mi vida porque gracias a él pude coronar uno de mis mayores sueños, el de participar en unos Juegos Paralímpicos”. También de Friuli, Matteo es un clase 6 y sufre de miopatía nemalínica, una rara enfermedad que deriva de una distrofia muscular caracterizada por debilidad muscular e hipotonía. Conoce el tenis de mesa en la escuela primaria: “Jugábamos con amigos en el recreo y ahí entendí que podía convertirse en el deporte que me permitiera competir incluso con atletas sin discapacidad. Para mí fue genial porque pude jugar a la par con mis otros compañeros”. Luego viene la llamada azul: ”Tres años después de que comencé a jugar fui reportado a la selección nacional paralímpica y al entrenador Alessandro Arcigli. Después de entrenar juntos me uní a la Azzurri y jugué el primer torneo internacional en 2015. Era la selección juvenil europea y gané la medalla de bronce”. Gran satisfacción también para él en Lignano: ”Jugar en casa siempre es algo extraordinario. Me las arreglé para mantener la cabeza despejada y ganar el oro. La semana anterior había derrotado en una semifinal a la número 3 del mundo en España, perdiendo luego en la final con la número 1, así que llegué a Lignano sabiendo que habíamos trabajado bien y que teníamos todas las credenciales para llegar a la final. “.
Mundo
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El año pasado, con 19 años, Matteo se proclamó campeón del mundo de clase 6 en Granada: ”Fue una emoción indescriptible, sobre todo cuando tienes enfrente en la final a un atleta tailandés de treinta y siete años que había ganado una medalla en todas las ediciones anteriores de los Juegos”. En los Juegos Paralímpicos de Tokio, Matteo fue uno de los más jóvenes de la delegación: “Muchas veces me llaman el niño récord, porque en Italia fui el más joven en ganar el campeonato italiano, el más joven en clasificar para los Juegos Paralímpicos y el más joven en ganar un título mundial. La mayor alegría fue ser el abanderado de la ceremonia de clausura, una gran responsabilidad. Participar en los Juegos a los diecisiete años no es fácil y sin duda me dejó una gran lección a nivel mental”. El tenis de mesa es un verdadero ejemplo de inclusión: ”Creo que es uno de los deportes más inclusivos. Hay jugadores en silla de ruedas, jugadores de pie y jugadores con discapacidad intelectual-relacional. Da la oportunidad de jugar y competir a todo el mundo gracias a las once clases en las que se estructura”.
Veterano
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Desde los más jóvenes hasta los más experimentados. Michela Brunelli es la veterana y capitana del equipo: ”Me abracé al tenis de mesa allá por 1993, exactamente un año después de mi accidente. Me he vuelto tan apasionado por esta disciplina que se ha convertido en una parte integral de mi vida. En 1996 me convocó la selección nacional y al año siguiente participé en la Eurocopa de Estocolmo. Para mí este deporte ha sido una salvación, sobre todo a nivel psicológico -cuenta Michela- ya que el acercamiento y la comparación con otros niños en silla de ruedas siempre me ha hecho ver el vaso medio lleno para afrontar mi nueva condición con positividad y consecuencia mi vida futura”. Cuatro Juegos Paralímpicos para ella: “Beijing 2008 fue el primero, donde gané una medalla de plata en el equipo. Luego llegó el bronce en Tokio con Giada. Estar tantos años en el movimiento nos da una gran responsabilidad en dar a conocer este deporte como una herramienta de inclusión social”. Dos sueños en el cajón: “El primero lo veo al alcance de la mano, es decir, la clasificación para los Juegos de París, el segundo, que me parece más difícil de cumplir, es poder cobrar una renta vitalicia una vez finalizada la actividad competitiva y Yo creo que a los que han trabajado y dado tanto a su país a lo largo del tiempo hay que reconocerles también cuando se culmina la actividad”.
8 de abril – 13.10 h
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