Si hay colaboración -y la gente se levanta del escritorio- la inclusión escolar puede funcionar: esto cuenta con el apoyo de padres y profesores comprometidos a hacer que los estudiantes con discapacidad vivan bien. Sin embargo, 40 años después de la ley que los acogió, los problemas persisten. Pero llega una propuesta disruptiva

Pasó el 25 de noviembre, entre los minutos de silencio institucional y el ruido de las mujeres en las plazas. Se aprobó, con aceleración récord, la ley contra la violencia contra las mujeres. ¿Lo que queda? Quedan mujeres que, en sus hogares, sufren violencia: física, psicológica, económica. Y tienen que decidir si denuncian o no. Quedan los operadores de los centros antiviolencia que luchan para apoyarlos con la fuerza que tienen. Queda un niño, Filippo Turetta, que llora y confiesa que yo la maté. Sin embargo, las peticiones también persisten: alrededor de un centenar se lanzaron en Change.org en una semana. Recogida de firmas sobre el tema de violencia contra las mujeres, que recogió un total de casi 150 mil firmas y miles de comentarios. Una señal de una movilización popular que, confiamos, no está destinada a terminar con el cambio de mes.