
Vivía en una hermosa casa con vista al Golfo de Nápoles, tenía su propia joyería, asistía a fiestas lujosas y contribuía a obras de caridad. Nadie sospechó que la bella mujer que, entre otras cosas, levantó una copa con altos mandos del centro de mando de la OTAN en Nápoles, Italia, pudiera ser una espía rusa. Pero María Adela Kuhfeldt Rivera sí lo fue, según una profunda investigación del reconocido colectivo ‘Bellingcat’ y los diarios ‘Der Spiegel’, ‘La Repubblica’ y ‘The Insider’.
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