
Los hermanos Jalving no se han quedado de brazos cruzados, porque hace aproximadamente un año y medio compraron también en Zwartemeer un centro de reuniones con un bar y una casa adyacente.
El empresario más conocido del centro de restauración fue la familia Van Os, que dirigió el negocio en la segunda mitad del siglo pasado. En 1992 lo vendieron a un nuevo partido. El centro ha estado vacío en los últimos años.
En el interior se ve poco de la comodidad que alguna vez debió existir allí. Sobre la grifería hay dos botellas vacías de Heineken, quizá el resto de la última ronda.
Detrás de la cafetería y del snack bar se encuentra el inmenso salón de banquetes y el antiguo albergue de esquí, que están vacíos a excepción de algunas mesas apiladas descuidadamente. “Es un espectáculo terrible ahora”, dijo Flim. Pero si todo va bien, eso pronto cambiará.
Los edificios actuales darán paso a un complejo de apartamentos de tres plantas con un total de trece viviendas (80-125 metros cuadrados). Parte del complejo se ubicará más atrás en el sitio. “Pronto todos los residentes tendrán vistas a la calle y al Hoogeveense Vaart”, afirma Flim.
Todas las entradas están en la planta baja. El edificio también cuenta con dos estudios o salas de ocio que también están a la venta. Los residentes pueden aparcar su coche en los trece garajes o en las ocho plazas de aparcamiento del lado este del complejo.
Los precios aún no se conocen. Flim espera que las ventas comiencen en unos tres meses.
