
El Tribunal de Nápoles ha ordenado la reinstalación inmediata del maestro Stéphane Lissner en el cargo de superintendente (y, en consecuencia, también de director artístico) del Teatro San Carlo de Nápoles. Lo leemos en una comunicación del maestro Stéphane Lissner y del panel de defensa compuesto por el experto en derecho laboral Claudio Morpurgo (firma Morpurgo e Associati), el prof constitucionalista. Giulio Enea Vigevani (Universidad de Milán-Bicocca y firma ACCMS) y por el experto en gobernanza Pietro Fioruzzi (firma Cleary Gottlieb)
«La orden cautelar de hoy de la jueza del Trabajo Dra. Clara Ruggiero – leemos en el comunicado de prensa – ha decidido, en efecto, que el Decreto Legislativo del 10 de mayo de 2023, n. 51 que había sido utilizado para anticipar la extinción de la relación laboral debe interpretarse en el único sentido que lo haga compatible con los principios constitucionales y las normas anteriores en las que se encuadra el mencionado decreto. Evidentemente, esto también se aplica a aquella disposición “contra personam”, que se habría aplicado sólo al maestro Lissner, que preveía la terminación inmediata de los superintendentes mayores de setenta años, independientemente de la fecha de vencimiento de los contratos en vigor. Todo ello, como es sabido, para liberar al doctor Fuortes el puesto de director de teatro y obtener su dimisión como director general de la Rai.”
Por tanto, en palabras del Juez: «La revocación ante tempus, respecto de la extinción natural, del actual contrato de trabajo del Maestro Lissner en relación con el cargo de superintendente y director artístico del Teatro San Carlo debe considerarse ilegítima como lo hace no incluir su caso dentro del ámbito de aplicación de la norma. El auto añade que, si la disposición hubiera sido aplicable al Maestro Lissner, existían los requisitos para plantear una cuestión de legitimidad constitucional del decreto-ley del Gobierno”.
Stéphane Lissner se muestra satisfecho: «Un acto de justicia, después de meses en un “limbo” que no merecía, pero sobre todo el Teatro San Carlo y la ciudad de Nápoles. Hoy, el Tribunal de Nápoles ha dado la primera y fundamental señal de que mi despido fue un acto ilegítimo y ad personam, desprovisto de los contenidos de “civismo jurídico” que deben guiar todo sistema democrático. Veo en esta decisión un vínculo inseparable con la dimensión europea de la que Italia, Nápoles y el propio Teatro San Carlo son expresiones auténticas y constitutivas. Ahora estoy disponible para desempeñar mi papel junto con la gente extraordinaria que trabaja en el Teatro.”



