
En 2032, según los planes del Gobierno, el primer tren circulará por la línea de alta velocidad entre Turín y Lyon, lo mismo ocurrirá en Túnel ferroviario del Brennero para conectar Fortezza e Innsbruck en 25 minutos y el rompeolas de Génova estará operativo para permitir al puerto competir verdaderamente con los puertos del norte de Europa a partir de Rotterdam.
Sobre esta base, el Ministro de Infraestructuras, Matteo Salvini, esbozó su “Plan decenal para las infraestructuras” en el Foro Ambrosetti en Cernobbio. En términos políticos, los diez años son las dos legislaturas en las que se basa la enésima exigencia de estabilidad del Gobierno pese a los tropiezos de los últimos días. En un nivel más práctico, tal horizonte temporal es indispensable para ver realmente desarrolladas las mayores infraestructuras, a partir de aquel Puente sobre el Estrecho del que Salvini vuelve a indicar el objetivo de la luz verde del Cipess antes de fin de año para permitir la inicio del trabajo; un comienzo que, sin embargo, a estas alturas se limita a 2025, a diferencia del calendario inicial que lo preveía este año.
Pero no sólo está el futuro bajo la lluvia de números ofrecidos al público de directivos y empresarios reunidos en Cernobbio por un Salvini armado de diapositivas. También está el presente de 22 mil millones de euros de obras en curso, que para Salvini “también pesan sobre el aumento del empleo porque, en promedio, cada mil millones de inversiones en infraestructuras producen 17 mil puestos de trabajo”. Y está el resultado final de un primer año de reforma del Código de Contratación Pública que, según cálculos ministeriales, “no ha conducido en modo alguno al bloqueo que algunos temían, pero ha permitido gestionar más de 2,6 millones de licitaciones en 12 meses”.
En cuanto a la alta velocidad, la atención se centra especialmente en el Sur, con la línea que permitirá desde Bari llegar a Nápoles en dos horas y a Roma en tres, creando una nueva alternativa al avión como ocurrió entre Milán y Roma. «Porque el Pacto Verde se hace así – afirma Salvini, reviviendo su polémica con Bruselas – y no con una prohibición del motor de combustión interna que no tiene ningún sentido industrial, medioambiental o social».




