
Allí yace: tendido en un ataúd abierto, con las manos entrelazadas. Su piel es pálida, casi pálida. La muerte se ha llevado todos los colores con ella. Sin embargo, el conjunto gris está roto. Con confeti festivo, que un nieto ha rociado sobre él. Sabine van Maren lo capturó con su cámara.
