El viaje de las jóvenes jugadoras de rugby en Hartpury
El rugby femenino ha ganado popularidad en los últimos años, y esto se debe en gran parte a figuras inspiradoras como Nolli Waterman. Su dedicación y compromiso con las jóvenes jugadoras en Hartpury han transformado no solo sus habilidades en el campo, sino también sus vidas fuera de él. La historia de Waterman es un viaje de amor, disciplina y amistad, que continúa resonando en cada entrenamiento.
Un entrenamiento que comienza al amanecer
Los entrenamientos matutinos en Hartpury empiezan temprano, a las 6:30 a.m. Waterman estableció una regla rigurosa: si alguna de las jugadoras llegaba tarde, la puerta se cerraba y no podría unirse a la sesión. Esta regla no solo promovía la puntualidad, sino que también les enseñaba la importancia del compromiso y la disciplina, valores cruciales en el mundo deportivo.
Waterman, quien residía en Gloucester, llegaba antes que nadie para preparar el equipo. Su ética laboral era un ejemplo a seguir: “Si yo puedo estar aquí y lista para ustedes a tiempo, solo tienen que caminar 200 metros”, decía a sus jugadoras. Así, estableció un estándar alto que ellas debían seguir.
Más que un simple entrenamiento
Con el tiempo, Nolli se convirtió en una figura crucial para estas jóvenes. No solo era su entrenadora, sino también una mentora y un apoyo emocional. “Es un momento en sus vidas donde, lejos de casa, necesitan a alguien con quien hablar”, reflexionó Waterman. Sus jugadoras la apodaron cariñosamente “Mummy Nolli”, y así fue como se estableció una relación de confianza donde las jugadoras se sentían cómodas compartiendo sus preocupaciones.
Es interesante cómo la disciplina y el apoyo emocional pueden coexistir. A pesar de ser estricta, Waterman sabía cuándo aliviar la tensión. Recordó momentos divertidos, como cuando una jugadora tuvo sus pertenencias envueltas en film transparente o cuando otra terminó con las piernas naranjas tras un intercambio accidental de productos de belleza.
El impacto en la vida de las jugadoras
La experiencia de entrenar en Hartpury fue transformadora. Para muchas de las jugadoras, fue “el mejor momento de sus vidas”. Como una de ellas, Jones, apunta: “Era un tiempo tan importante, nos preparó para lo que somos ahora”. La cohesión del grupo se consolidó no solo en el campo, sino también en la vida personal, creando amistades duraderas.
A pesar de la dificultad de equilibrar su carrera como jugadora y entrenadora, Waterman dejó su puesto después de tres años para concentrarse en su propia carrera. Sin embargo, solo nueve meses después, anotó el primer try en la final de la Copa del Mundo contra Canadá, una victoria que selló su legado como una de las grandes del rugby.
Las nuevas generaciones son el futuro
Hoy, Waterman observa a sus antiguas pupilas, quienes están en la cúspide de sus carreras. “No solo son increíbles jugadoras de rugby, sino también mujeres brillantes”, declaró. Está orgullosa de que estas jugadoras sean los modelos a seguir para futuras generaciones, incluidos jóvenes hombres y mujeres que aspiren a alcanzar sus propios sueños.
La conexión que formaron en Hartpury sigue viva en las redes sociales, donde comparten fotos y recuerdos de los buenos momentos, destacando el valor de las amistades forjadas en esos días de entrenamiento. Waterman añade: “Las amistades que tienen son tan especiales. Para mí, eso es lo más precioso que he llevado de mi tiempo como entrenadora”.
Más allá del trofeo
Independientemente de si sus antiguas jugadoras levantan el trofeo el 27 de septiembre o no, el verdadero valor de su experiencia va más allá de los triunfos deportivos. “Verlas crecer, muchas con sus propios hijos o casándose, es lo que realmente importa”, reflexiona. Las imágenes de aquellas amistades en las que se apoyan mutuamente son las que realmente suelen dejar huella.
El impacto de Hartpury en estas jugadoras y el legado de Waterman como mentora es un poderoso recordatorio de que el rugby no solo forma excelentes deportistas, sino también personas resilientes y unidas por la amistad.
Waterman ha demostrado que el camino hacia el éxito no solo se mide en victorias, sino en las relaciones y el apoyo que se ofrecen entre sí. El rugby es, por encima de todo, un juego de unión, donde cada jugador aporta su parte para lograr un objetivo común. En última instancia, esta historia resalta el poder del deporte como vehículo para construir no solo habilidades atléticas, sino lazos duraderos y significativos.


