
Nadie en Rusia ayudó a hacer posible la guerra más que Elvira Nabioellina. La presidenta del banco nacional fue admirada incluso en Occidente por la forma en que guió a su país a través de las sanciones. Pero la invasión de Ucrania se volvió demasiado para ella. Ella pidió renunciar, pero Putin tuvo que quedarse. Desde entonces siempre aparece en colores de luto y sin broche, el accesorio con el que durante años le dio al mundo señales furtivas.
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