
Incluso más que en años anteriores, el Black Friday habrá sido señalado en Francia. Para sus detractores, todavía numerosos en Francia, este día de compras con descuentos excepcionales –que, para colmo, nos llega desde Estados Unidos…– sería la expresión más lograda de lo que ya no queremos: un momento de locura de frenesí consumista, en contra de las aspiraciones de nuestro tiempo de un consumo más razonado y más respetuoso con el medio ambiente. Sobre las ediciones, repintamos este viernes en negro, un negro muy oscuro. Tanto es así que comerciantes, marcas, plataformas de comercio electrónico han terminado integrando de lleno la crítica, limitando voluntariamente su comunicación, como si este día se hubiera convertido en un día de consumo vergonzoso. Es un error. Este Black Friday, necesitamos mejorar su imagen.
En primer lugar porque permite -y una vez más, los consumidores no se equivocan- luchar contra la inflación y recuperar el poder adquisitivo. También es desconcertante, a pesar de que los franceses, con la subida de los precios de la energía, están preocupados por sus bolsillos, por no ver la oportunidad que representa este día. Esto es especialmente cierto para las administraciones públicas, porque el Black Friday restablece el poder adquisitivo sin costarle un céntimo al Estado, sin bonificación, sin ayudas y sin escudo… ¡Qué bendición! El consumidor –contribuyente también, aquel que sabe perfectamente que es él quien financia lo que paga el gobierno, y que integra esto en su razonamiento como consumidor– puede beneficiarse de ello sin pensárselo dos veces. Todos estos nuevos productos con descuento son descuentos inmediatos, respaldados por todos los comerciantes, jóvenes y mayores por igual. Así que se les debe agradecer, no culpar.
Este Black Friday también es mucho más “verde”, mucho más responsable y sostenible de lo que pensamos. Lo que muestran las cifras es que los consumidores lograron hacer de este día un gran evento -quizás el más grande- para promover la economía circular. Porque -no lo decimos lo suficiente- el Back Friday se venden muchos productos de segunda mano. ¡Y más y más! Solo un ejemplo: en nuestra plataforma de comercio electrónico, que es una imagen a menudo fiel del comportamiento de compra, más de la mitad (56% precisamente) de los productos vendidos el viernes 25 de noviembre eran productos de segunda mano. Esto es un aumento del 20% en tres años. Estas cifras también son muy lógicas en lo que se refiere a las intenciones de compra de los regalos de Navidad, gran parte de la cual se realiza durante el Black Friday. Según una encuesta reciente realizada por Ipsos, uno de cada dos franceses planea poner regalos de segunda mano debajo del árbol. Eso es más que el año pasado, y eso es una gran noticia.
El Black Friday es útil finalmente, porque al bajar los precios, también permite una renovación del stock de productos, en particular bienes de equipo. Muy concretamente, esta es una oportunidad para las familias, ante todo aquellas que tienen que cuidar su presupuesto, de renovar su lavadora que ha llegado al final de su vida útil, o su televisor que ya no funciona, y tomar la decisión productos más modernos, que cumplan con estándares ambientales nuevos y más estrictos; por lo tanto productos más sobrios para el planeta. Nuevamente, el “negro” es “verde”. Para quienes creen que la solución vendrá del decrecimiento, es útil recordar que el consumo también es un vector de transformaciones. Y hay en Black Friday un mecanismo innegable para acelerar la difusión de la innovación, para democratizar el progreso tecnológico. ¿Quién podría quejarse razonablemente de eso?
Nuestra modernidad es muchas veces maniquea y, va de la mano, víctima de fenómenos de locura mediática. Constante y masivamente, vemos las cosas en blanco o negro. Sin embargo, si hacemos el esfuerzo de los matices, vemos que este Black Friday es una nueva demostración de que no debemos oponer los destaques comerciales y el consumo útil. Útil para los consumidores y útil para el planeta.
