
El padre, Dino, fue salvado por un grupo de empleados de la fábrica familiar. Durante muchos años no quiso hablar de su experiencia por respeto a quienes no habían logrado salvarse, pero cada noche, al final de la jornada laboral, siempre iba a un lugar muy particular. El hijo Giorgio conoció entonces la historia de la casa secreta casi por casualidad y al final Dino también decidió contarla, sobre todo por su extrema gratitud hacia aquella patrulla formada por seis hombres justos.



