
Los riesgos del cloro en las piscinas: alerta sobre las chloraminas
El problema del cloro en el tratamiento de agua
Cuando ingresas a una piscina pública y percibes ese fuerte olor a cloro, no solo es un indicativo de su uso; también señala la presencia de las chloraminas, compuestos químicos que surgen de la interacción entre el cloro y las materias orgánicas llevadas por los bañistas. Estas incluyen orina, sudor, piel muerta y cosméticos.
Según Olivier Michel, neumólogo y profesor en la Universidad Libre de Bruselas, las trichloraminas, un tipo de chloramina, pueden afectar gravemente las vías respiratorias. Estas moléculas, más pesadas que el aire, se depositan en la superficie del agua, generando efectos tóxicos en las células de las vías respiratorias.
Afectaciones por el uso de piscinas cloradas
Las chloraminas pueden provocar irritaciones oculares, cutáneas y respiratorias, e incluso contribuir al desarrollo del asma. El Instituto Nacional de Investigación y Seguridad (INRS) establece que todas las personas que frecuentan piscinas públicas, incluidos socorristas y personal de limpieza, son susceptibles a estos riesgos.
Niños: un público vulnerable
Los niños son especialmente susceptibles a estos problemas. Sus vías respiratorias aún no están completamente desarrolladas, lo que significa que la exposición a estas toxinas puede ser más perjudicial. Para los nadadores ocasionales, los efectos son a menudo temporales, resultando en molestias como rinitis, sinusitis o irritaciones.
El dilema del asma y la natación
Si bien la natación se recomienda a menudo para quienes padecen asma, el uso intenso de piscinas con alto contenido de cloro puede aumentar las probabilidades de desarrollar esta enfermedad. “Es una excelente actividad recreativa, pero puede ser problemática si se practica a alta intensidad”, apunta Olivier Michel.
¿Cómo identificar una piscina excesivamente clorada?
Una fuerte fragancia a cloro puede ser el primer indicador de una concentración elevada de chloraminas en el aire. Además, síntomas como irritación ocular o una garganta que pica, incluso fuera del agua, son señales de advertencia. La temperatura del agua también juega un papel crucial; una piscina demasiado caliente fomenta el crecimiento de microorganismos y, por ende, requiere más desinfección.
Medidas para reducir los riesgos
Los administradores de piscinas tienen la responsabilidad de monitorear regularmente los niveles químicos y tomar las medidas necesarias. Sin embargo, los usuarios también pueden contribuir a la reducción de chloraminas con algunas prácticas sencillas:
- Ducharse antes de nadar: Eliminar sudor y impurezas ayuda a reducir la química en el agua.
- No orinar en la piscina: La orina es una fuente principal de uréa, que contribuye a la formación de chloraminas.
- Usar gorro de baño: Esto limita la cantidad de residuos orgánicos que entran en el agua.
- Elegir horarios menos concurridos: Menos bañistas significa menos materia orgánica, lo que reduce la formación de chloraminas.
Conclusión
La exposición a chloraminas en piscinas puede tener serias repercusiones para la salud, aunque se pueden tomar medidas simples para mitigarlas. Estar informado y actuar de manera consciente puede hacer que la experiencia de nadar sea más segura y placentera. Disfrutar de la natación manteniendo prácticas responsables es clave para cuidar de nuestra salud y bienestar.



