
Los costes desconocidos y las exigencias de los interlocutores sociales. La elección definitiva del Gobierno sobre las pensiones depende de estas dos variables para evitar la vuelta a la Ley Fornero íntegramente a partir del 1 de enero de 2023. La Cuota 102 “revisada”, con 41 años de cotización y 61 de antigüedad, tendría un mayor impacto en las cuentas públicas ya el primer año e incluso en pleno funcionamiento, mientras que la Cuota 104 (41 años de cotización y 63 años de edad) sería la menos costosa pero también la más alejada de las exigencias de los sindicatos. La cuota 103 podría convertirse así en un posible punto de compromiso, quizás en una versión parcialmente flexible que comience con un umbral mínimo de edad de 61 años. Pero hay quienes han evocado la Cuota 102 flexible y también la Cuota “doble” 102 añadiendo a la versión actual, modelada en 64 años de edad y 38 de cotización, la del régimen “61+41”. Todo ello debería ir acompañado de la ampliación de la opción social Mono y Mujer y probablemente también de un sistema de incentivos para favorecer la permanencia en el trabajo, una vez alcanzados los límites de jubilación, de algunas categorías del sector público, empezando por los médicos. . Pero las medidas a incluir en la próxima ley de presupuestos también deberían servir de puente con una verdadera reforma orgánica de las pensiones que el Gobierno debería definir junto con los interlocutores sociales a lo largo del próximo año con el objetivo de ponerla en funcionamiento en 2024, quizás incluso previendo una nueva fase de “silencio-consentimiento” para la asignación de las indemnizaciones a los fondos de pensiones.
El restyling de Quota 102 con sabor a Quota 41
Son varias las opciones en las que los técnicos del Gobierno han estado trabajando en las últimas semanas. Una de ellas es la que prevé un restyling de la actual Cuota 102 introduciendo, junto al umbral de edad de 61 años, la limitación de los 41 años de cotización, lo que supondría, tal y como pide la Liga, una especie de aperitivo de Cuota. 41 que se hará despegar, en fórmula “seca”, al final de la legislatura. El costo de esta intervención superaría los mil millones en el primer año y aumentaría dramáticamente a partir del tercero.
Cuota 104 siempre con la restricción de 41 años de pagos
La solución menos costosa, manteniendo el requisito de 41 años de cotización, sería la de la Cuota 104 (con 63 años de antigüedad). Sin embargo, no es apreciado por los gremios, de los que sigue llegando la petición de salidas con Cuota 41 “seca” o, en su defecto, con 62 años de edad.
Cuota 103 para favorecer un compromiso
Un camino que no requeriría el uso de recursos excesivos y no se alejaría demasiado de las demandas de los sindicatos podría ser el de la Cuota 103: 62 años de edad con 41 pagos. De esta forma, los dos requisitos solicitados por CGIL, CISL y UIL serían absorbidos, aunque combinados entre sí, en el nuevo canal de salida.
Dimensión 102 y 103 en versión flexible
Una variante podría estar representada por una Cuota 103 en una versión parcialmente flexible, a partir de una edad mínima de 61 años. En este caso la salida anticipada estaría garantizada con 61 años de edad y 42 años de cotización o con 62 años y 41 años de cotización. Este tipo de mecanismo también podría adoptarse para la Cuota 102 (“61 + 41” o “62 + 40”) pero naturalmente tendría un costo mayor.




