
Nosotros, dos jubilados, adquirimos recientemente un perrito muy lindo llamado Teddy. Normalmente salgo a caminar con Teddy, pero cuando mi esposo la dejó salir ayer en la plaza frente a nuestra casa, no supo qué lo golpeó. Una agradable joven corrió hacia él, saludando y gritando con entusiasmo. Sin embargo, al alcance del oído, apareció su llamada: “¡Teddy Teddy, cariño, has vuelto!”
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