
Casi tan grande como un rascacielos de 100 pisos. Estas son las dimensiones, aproximadamente 260 metros, de las 30 redes fantasma recuperadas en el marco de la Operación Ghostnets, llevada a cabo por Ispra entre Augusta y Siracusa, en la que se inspeccionaron más de 60.000 metros cuadrados de fondo marino. Las redes, abandonadas o perdidas y definidas como “fantasmas”, fueron recuperadas a una profundidad de 40, 60 metros. La intervención, que forma parte del proyecto Mer (Restauración de Ecosistemas Marinos), está financiada por el Pnrr y se llevó a cabo con el apoyo de los Rtc Ghostnets (Castalia, Conisma y Marevivo).
El fondo marino vuelve a respirar
«Con esta operación, cientos de metros cuadrados de hábitats valiosos podrán gradualmente “respirar” nuevamente y favorecer la recolonización por parte de las especies marinas circundantes – subrayan los investigadores del ISPRA -. Esta campaña de recuperación es un gran paso adelante para la protección de nuestros mares, pero sigue siendo esencial promover una mayor conciencia entre los operadores del sector y seguir invirtiendo en tecnologías y políticas de prevención”.
Ollas, redes, enredos y cuerdas
La intervención permitió recuperar redes de arrastre y de enmalle, así como marañas de cabos, sedales y nasas, y liberar especies protegidas que habían quedado atrapadas. Una situación debida a que, con el paso de los años, ha aumentado la presencia de redes de pesca abandonadas. Todo ello “debido a la intensificación de la actividad pesquera y al uso de materiales sintéticos, más baratos y resistentes pero también más perjudiciales para el medio ambiente que las fibras vegetales utilizadas para las redes tradicionales, como el cáñamo”. No se trata sólo de presencias extranjeras en el fondo del mar. Las redes, a pesar de estar abandonadas, “siguen realizando la llamada ‘pesca fantasma’, aunque ya no están sujetas al control humano, siguen activas y siguen capturando flora y fauna marina”.
Las especies afectadas
Las que se enfrentan a los efectos de las redes fantasma son las praderas de posidonia que “sufren daños físicos, como sombra y abrasión, que matan o erradican las plantas”. Luego los coralígenos, «especies sésiles, se desgarran, se rompen, se cubren y se erosionan, sufriendo graves repercusiones». Sin olvidar la fugaz fauna marina que «queda atrapada o herida por las redes, que continúan su acción de captura incluso después de haber perdido todo control».
La acción en el campo
Allanando el camino para la intervención están los efectos de la llamada ley “Salvar el mar” (número 60/2022), que clasifica las redes abandonadas y recuperadas como residuos urbanos que deben eliminarse o reciclarse. La actividad se desarrolló a partir de un reconocimiento que permitió “cartografiar y caracterizar el fondo marino con instrumentación especializada” al que siguió el trabajo real con los operadores técnicos submarinos. Las redes recuperadas ahora serán transportadas para su eliminación y, cuando sea posible, enviadas para su reciclaje.




