
FRANCK FIFE / AFP
Le match OM-PSG a été reporté au lundi 22 septembre ; il se déroulera donc le même que la cérémonie du Ballon d’or 2025.
La noche ha caído este domingo 21 de septiembre sin la perspectiva de vivir una **velada emocionante** al fondo del sofá (con todo nuestro respeto por El Prestige, Casino Royale o Barça-Getafe), pero con la promesa de conocer un lunes inédito. El primer día de la semana es a menudo el más **tranquilo** en materia de fútbol, aquel que permite relajarse o ir al cine; sin embargo, este 22 de septiembre no será así.
La **meteorología** en los Bouches-du-Rhône ha tenido la culpa del Clásico OM-PSG, que se jugará, por tanto, al mismo tiempo que la ceremonia del **Balón de Oro** (coup d’envoi a las 20 horas para un evento y a las 19:30 para el otro), donde Ousmane Dembélé y otros parisinos podrían ser premiados tras su **memorable** temporada 2024-2025.
La Liga ha seguido el artículo 548 de su reglamento, que estipula que si “el partido no ha podido comenzar debido a inclemencias del tiempo, se aplaza, o cuando se ha interrumpido definitivamente, se reanuda a partir del minuto en que fue interrumpido, al día siguiente (fuera de condiciones extremas), a una hora fijada por los servicios de la LFP”. Un campamento está contento, el otro no tanto, y se presenta un dilema que no debería serlo: ¿una distinción individual, por **suprema** y especial que sea, debería tener prioridad sobre un partido de fútbol? La pregunta no debería siquiera plantearse.
La esencia del fútbol
El **Balón de Oro** se ha impuesto, por la fuerza de las circunstancias y de lo que ha llegado a ser desde su creación por France Football en 1956, como un momento **marcador** de una temporada, aún más tal vez desde que ya no pertenece solo a Lionel Messi y Cristiano Ronaldo (13 premios para ellos entre 2008 y 2023). Escuchar a los jugadores hablar sobre ello, como un sueño de niño inalcanzable, un “**Graal**” para retomar las palabras de Dembélé en Le Monde recientemente, es revelador; algo que, a veces, puede ser más importante que una **Copa del Mundo** o una **Liga de Campeones**, porque literalmente pertenece solo a uno mismo.
Basta con ver cómo los **medios** hablan de ello todo el año (incluido So Foot, a veces), en octubre como en marzo, como si el interés de un partido residiera a veces en las **consecuencias** que pueda tener en la carrera por el Balón de Oro. Una pasión que no debería ocupar tanto espacio en un mundo que gira alrededor de un balón.
No obstante, lo cierto es que el **Balón de Oro** ha generado una avalancha de emociones tanto para aficionados como para futbolistas. Este evento se convierte en un **ritual** que cada año captura la atención de millones de seguidores en todo el mundo. Con el tiempo, ha adquirido una relevancia que trasciende lo deportivo y se convierte en un símbolo de **prestigio** en la industria del fútbol. Las expectativas que genera y las historias que narra son tan variadas como las trayectorias de los propios jugadores. Cada gala de entrega trae consigo historias de **superación**, de penurias y finalmente de **triunfos**, a menudo contadas a través de la retrospectiva de la temporada que acaba de concluir.
Este año, la dualidad entre la ceremonia del Balón de Oro y el partido OM-PSG acentúa el significado de ambos eventos. Mientras que uno se presenta como un reconocimiento a la **excelencia** individual, el otro representa la esencia colectiva del fútbol, subrayando la tensión entre el reconocimiento personal y el esfuerzo de equipo que a menudo se pasa por alto. Esta realidad nos invita a reflexionar sobre qué valor damos a estos hitos en el contexto del deporte que tanto amamos.
En conclusión, la coincidencia de estos dos eventos tan significativos nos muestra la complejidad del mundo del fútbol actual. Mientras que el Balón de Oro sigue siendo un símbolo de excelencia individual, partidos como el OM-PSG nos recuerdan que el fútbol es, sobre todo, un deporte de equipo. Es un balance delicado entre lo personal y lo colectivo, entre los logros individuales y el esfuerzo conjunto.





