
El lunes por la noche, sucedió lo que lamentablemente se esperaba desde hace tiempo: un niño fue víctima de la guerra contra las drogas que se ha desatado en las calles de Amberes durante años y en los últimos meses. Una inocente niña de 11 años, que, sin quizás ella misma darse cuenta, tuvo la desgracia de pertenecer a una familia no tan inocente. Es otro hito triste. Sin duda, algunos argumentarán que la familia se lo buscó y que los propios capos de la droga ponen en peligro la vida de sus sobrinos. Podríamos decir que no es nuestro problema mientras se ataquen entre ellos. Pero eso está mal. El cáncer de drogas se está extendiendo y cada vez más cerca, incluso para aquellos que viven en ‘el estacionamiento’.
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