Entre **Malo Gusto**, el jugador más joven de la última convocatoria de los **Bleus**, y **Didier Deschamps** hay 34 años de diferencia. Aún más, el seleccionador de 56 años no pudo contar con **Désiré Doué**, nacido en 2005, tres años después de Gusto. Ha pasado más de una década desde que el exentrenador del **Olympique de Marseille** asumió el mando de la selección francesa, y ahora debe adaptar su **método de gestión** a las nuevas caras que llegan al equipo nacional.
Deschamps, quien recuerda haber llegado «**a la punta de los pies**» durante su primera convocatoria en 1989, observa que los jugadores actuales son «más **seguros de sí mismos**», que tienen «más confianza» desde sus primeros pasos. «Se conocen entre ellos porque han estado juntos en algún momento, ya sea en clubes o en diferentes selecciones. Aunque siempre hay quienes son más reservados o tímidos, la **reticencia** ha disminuido. Y eso es algo positivo», destacó en una entrevista con la **AFP**.
«Antes, los jóvenes cumplían con lo que se les decía y nada más. Hoy en día, se sienten más **cómodos** porque están listos más pronto, juegan a más temprana edad y poseen más **madurez**. Además, muchos se van al extranjero desde jóvenes», añadió Deschamps. Comparó a estos nuevos futbolistas con los jóvenes del mundo de la empresa: «El joven llega y se atreve a acercarse a su jefe y a decirle que aspira a ocupar su puesto».
Esta transformación es bastante reciente, según el campeón del mundo en 1998 y 2018. La generación de **Hugo Lloris**, **Olivier Giroud** y **Antoine Griezmann** seguía un modelo más cercano a la «**década anterior**».
El teléfono móvil le ***facilita*** las cosas
«Nunca he actuado como un **veterano**. Algunas cosas eran tal vez mejores en el pasado, pero estoy convencido de que no funcionarían hoy. Por ejemplo, la **prohibición** del teléfono móvil», afirmó Deschamps. «¿Por qué privarles de una libertad? ¿Para mostrar autoridad? No tiene sentido. A veces, incluso me resulta útil. Cuando un jugador tiene un problema en el club y sale, le envío un mensaje al descanso y me responde. Estoy contento con eso».
El uso del teléfono permite **agilizar** sus relaciones con los **Bleus**. Su hijo le ha ayudado con la interacción en redes sociales, ya que ha adquirido un lenguaje y referencias un poco diferentes. De este modo, Deschamps no se siente **desfasado**.
«No tengo problema en que no compartamos las mismas referencias culturales. Cuando un novato canta una canción en su primera cena en **Clairefontaine**, no siempre la conozco y no comprendo las letras. Pero eso funciona, siempre que sea **validado** por los demás. Y casi siempre es repetido por todo el grupo», explicó.
La metodología de «**DD**» ha evolucionado con el tiempo. «Soy más **relajado**», prometió. «Te adaptas a los jugadores que inevitablemente son cada vez **más jóvenes**, porque tú también envejeces, y te mueves entre no ser un viejo **gruñón** y no ser un falso joven».
En resumen, la evolución de la selección francesa bajo la dirección de Didier Deschamps resalta la necesidad de adaptabilidad en el fútbol moderno. Mientras los jugadores más jóvenes traen nuevas actitudes y mayor confianza, el técnico debe navegar entre mantener la autoridad y abrirse a las innovaciones que estos nuevos talentos aportan. Este equilibrio es crucial para el éxito continuo del equipo nacional.
