
“Ya no se ve”, dice el árbitro Gonella a los jugadores: San Siro ha caído en una zona totalmente gris
Durante los días de Navidad de 1972 sucedieron cosas extrañas. Era como si San Siro se hubiera convertido en el escenario de una película, de esas “de miedo”, donde todo está envuelto en niebla y una amenaza silenciosa acompaña cada paso de quien se aventura más allá del camino del sentido común. Era como si un horror impalpable e indefinido se pegara como melaza a la piel de las personas, absorbiendo sus miedos más profundos, como leemos a menudo en las novelas de Stephen King.
