
Es uno de los símbolos de un movimiento que ha hecho los Juegos de París: “A veces pienso en ese día, pero no puedo esperar para ganar nada más. Entre la familia y el novio, una vida llena de amor”
Es el sol del voleibol italiano. Su arena, la sonrisa. Generosidad en el campo. Pero también la fuerza para levantarse de situaciones difíciles. Con los años, Myriam Sylla ha demostrado todo su grosor humano y técnico. Y hoy, a los 30 años, es uno de los jugadores simbólicos de un movimiento que ha conquistado el oro en París 2024 y ahora con Milán persigue al Scudetto y la Liga de Campeones.
