
México ha reaccionado con horror ante el hallazgo de lo que los activistas de los derechos humanos llaman un “campo de destrucción” de pandillas criminales. En el complejo, una trama amurallada con unos pocos edificios a sesenta kilómetros de la segunda ciudad de Guadalajara, según los sobrevivientes, las víctimas de las pandillas fueron torturadas y asesinadas y sus cuerpos en hornos de cremación destruidos. Los jóvenes también fueron reclutados y obligados a trabajar para las pandillas.
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