
Febrero fue mixto y tal vez un poco frustrante en lo que respecta a la sostenibilidad en la industria de la moda: mientras se unieron iniciativas y se hicieron esfuerzos para volverse más circular, la industria está luchando con su legado: enormes montañas de textiles en Ghana, por ejemplo, o consumidores que prestan más atención al precio que a los productos sostenibles. Además, la triplicación (!) de las exportaciones de ropa usada de la UE está causando problemas en África y Asia.
Sin embargo, también hubo cosas positivas que informar en términos de cooperación: Puma se unió a la iniciativa climática Zero100, PVH se unió al consorcio textil “Fiber-to-Fiber”, H&M y la empresa de reciclaje Remondis fundaron una empresa conjunta para reciclar ropa vieja, Marc O’Polo se asoció con Circular Fashion y Gucci abrió un centro de moda circular de lujo en Italia.
También sucedieron muchas cosas en el lado material: el fabricante de fibra austriaco Lenzing y NFW presentaron una alternativa de cuero sostenible, una enzima que se alimenta de plástico podría abordar los desechos de ropa de poliéster, el plástico de los recolectores de basura indios se convirtió en millones de botones y Filippa K se asoció con Lenzing, Södra y Riopele se unieron para desarrollar un material reciclado “revolucionario”. Este artículo desacreditó los mitos que rodean al cuero y las alternativas veganas.
Las marcas tampoco fueron perezosas: estas cuatro etiquetas holandesas, por ejemplo, están totalmente comprometidas con la economía circular. Sin embargo, se debe tener cuidado al reciclar, ya que esto puede estar restringido por los derechos de propiedad intelectual.



