
Su ataúd: apenas a tres metros de distancia. La cara gris, pero reconocible. Y entre los dedos: un rosario. Nuestra reportera Sabine Vermeiren desafió esta mañana la cola de la que habla la mitad del mundo. A quién saludar el cuerpo del Papa en la Basílica de San Pedro. Así fue: “Te tragas, por un momento olvídate de respirar”.
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