
Llegó a cuartos de final en Melbourne reaccionando con calma y corazón a los malos momentos, tiene lo necesario para poner a Shelton en dificultades y soñar con la semifinal con Sinner. Así el talento turinés alcanzó su punto máximo a los 29 años
“A este nivel, todo lo que se necesita es un punto que sale mal y se pierde el juego”. Pero si se conduce bien, o más bien muy bien, las carreteras se abren. Lorenzo Sonego analiza con lucidez incluso situaciones de locura ordinaria. Como el del partido inaugural del Open de Australia: el tercer set pende de un hilo, decide doblegar al inmortal Wawrinka con un pasador sin mirar jugado con sus garras. El suizo mira inmóvil como un portero desviado en un tiro penal. Helado por la estocada de Sonego que combina destellos de fútbol y esgrima con tenis: un latigazo de luz verde, un delirio de omnipotencia bajo la curva. El punto del torneo. A partir de entonces Sonny se convirtió en Sonic: tres éxitos más, incluidos los contra Fonseca y Tien, finalistas de las últimas Next Gen Finals. Su generación está a un punto de entrar en el “entas”: Sonego, como siempre, meditará sobre ello. Antes de prepararse para más amarres.



