
El domingo por la mañana, en la cantina del club de fútbol JEKA de Breda, no hubo más que elogios para el voluntario tan especial que pasó una hora detrás de la barra. Y el propio voluntario, nada menos que el primer ministro saliente, Mark Rutte, también se lo está pasando bien. Se alegra de que no le hayan pedido que juegue al fútbol. Su sensibilidad hacia el balón es “moderada”, admite con una amplia sonrisa.
Sin embargo, según uno de los muchos visitantes de este domingo, sus habilidades en el bar no tienen nada de malo. “Rápido y fluido”, afirma satisfecho. Y si depende de Peer Verbiest, miembro de la junta directiva de la cantina del club, podrá volver la próxima semana. “No está mal para la rotación de los bares”, coincide riendo.
Por supuesto, no es casualidad que el Primer Ministro saliente aparezca en Breda durante el tiempo de campaña. Aunque dice que con esta campaña principalmente quiere resaltar la importancia del trabajo voluntario.
Mientras tanto, sobre el mostrador vuelan pedidos de café, té y, por supuesto, rollitos de salchicha. Y entre las empresas también hay tiempo para firmar autógrafos y hacerse varios selfies.
¿Y tomar una cerveza? ¿Cómo le va eso a Rutte? No lo sabremos: el grifo no se abrirá antes de las doce. Y antes de eso, este súper voluntario ya está de camino a su siguiente parada de campaña.



