
POLÍTICA – « Si a los 50 años no tienes un Rolex, has fracasado en la vida. » Esta frase, del publicista Jacques Séguéla sobre Nicolas Sarkozy, es conocida por muchos. Y genera controversia. Sin embargo, lo que realmente molesta son las **relojes** que lucen los políticos.
Un accesorio considerado **ostentoso**, **caro** y **lujoso**, ya sea con razón o no. Recientemente, el diputado insumiso Louis Boyard se convirtió en el centro de atención cuando fue grabado en la Asamblea Nacional retirándose su reloj antes de una entrevista. Este hecho encendió la indignación en redes sociales, donde fue acusado de esconder un accesorio de lujo. Incluso, el presidente argentino Javier Milei se burló de la situación en su cuenta de X, señalando la « **hipocresía de la izquierda** ».
Desde su círculo, se respondió que no se trataba de un Rolex, sino de una **reloj Tissot**, valorada en 295 euros y un regalo de sus amigos de infancia por su 25 cumpleaños. Con esto se puso fin a la polémica.
Lujo y política, un « mal casamiento de imagen »
Entonces, ¿por qué los relojes de los políticos generan tanto rechazo? « La **reloj** es un objeto de lujo y el lujo y la política no se llevan bien, al menos en términos de imagen », explica Olivier Müller, periodista y autor especializado en **horología**. « Esto se debe a que el reloj se puede ocultar fácilmente bajo la camisa o la chaqueta, alimentando la fantasía de un lujo oculto. A los franceses no les gusta que les oculten algo. » Esto es particularmente relevante cuando se habla de **dinero público**.
Un ejemplo bien conocido ocurrió el 22 de marzo de 2023, cuando **Emmanuel Macron** se quitó discretamente su reloj durante una entrevista sobre la reforma de las pensiones. Las redes sociales estallaron, acusándolo de intentar ocultar un reloj de 80,000 euros. En realidad, desde el **Elíseo** aclararon que se sentía incomodado, ya que la relojería golpeaba contra la mesa. El modelo en cuestión, según **Le Parisien**, valía aproximadamente 2,400 euros.
Decenas de miles de euros en la muñeca
No obstante, hay políticos que son verdaderos **coleccionistas** de relojes, alcanzando precios impresionantes. Este es el caso de Nicolas Sarkozy, el exdiputado socialista Julien Dray, Jean-François Copé y Pierre Moscovici. La pasión por la **horología** no es inherentemente de derecha o izquierda.
La atracción por los relojes de lujo no solo se debe a que estos políticos disponen de mayores recursos financieros que un ciudadano promedio. « Hay también una dimensión psicológica: el tiempo. Dominar el tiempo en política es más que un trabajo, es una vocación, un arte. Y el objeto que mejor lo simboliza es la **reloj** », añade Müller. « Además, tener conocimiento sobre la mecánica y los grandes actores de la **alta relojería** es un signo de refinamiento. »
Curiosamente, el atractivo ostentoso puede atraer sospechas, llevando a que la justicia se involucre en casos de posible corrupción. Por ejemplo, el alcalde de **Fréjus**, David Rachline, enfrenta cargos por **toma ilegal de intereses**, relacionados con un reloj de 15,000 euros comprado en efectivo bajo otro nombre. Aunque oculto bajo una manga, un pequeño objeto puede revelar mucho más de lo que aparenta.
En resumen, los relojes en el ámbito político son un símbolo de estatus y una fuente de controversia. La percepción social sobre el lujo se entrelaza con expectativas éticas, creando un delicado equilibrio que los políticos deben navegar con cautela. A medida que la sociedad continúa avanzando, será interesante observar cómo estas dinámicas evolucionen en la esfera pública.



