
Fuertes multas por errores amenazaron a los empleados ucranianos. Llegó tan lejos que los contratos estipulaban que podían ser ‘deportados’ a su tierra natal, un país que ha estado en guerra con Rusia durante meses. El contrato no fue redactado por el propio Vreugdenhil, sino por la agencia de empleo polaca JanPol, que fue contratada por la empresa Westland.
