
Nuestro trío en el centro del campo, formado por dos Salihs y un Orkun, izó la bandera de la rendición. Dos de los tres goles que encajamos vinieron de balones que perdimos. Aprovecharon mucho el peso de mi centro con pases directos. Podíamos sentir la desesperación en el lenguaje corporal de los nacionales. El gol que marcamos a balón parado se convirtió en la “bujía” del equipo antes de los segundos 45 minutos.
Kuntz utilizó sus cartas de triunfo. Cuando Hakan, Cengiz e İsmail entraron en juego, esta vez logramos aportar inteligencia a los pases y al juego. Estábamos ganando el balón y usándolo correctamente. La respuesta que recibimos fue una resistencia voluntaria. Pese a ello encontramos el segundo, podría haber sido el tercero o el cuarto.
Creyeron en lo que podían hacer bajo el liderazgo de Hakan Çalhanoğlu y obligaron a los japoneses a defenderse. Mientras tanto, tuvieron dos balones regresando al poste. Como resultado de ataques rápidos y errores. Entendí mejor por qué derrotaron a los alemanes. No he visto a un equipo atacar tan eficazmente en mucho tiempo.
